Cartografías expandidas


Prácticas Narrativas

Cartografías expandidas

Onix Morales (2025)

Practicas Narrativas Latinoamericanas
Narrativas-Texto

 

 

 

 

 

 

Escribir también es caminar en las historias para sostener imágenes que podemos ir construyendo.
La palabra “texto” viene del latín texere: tejer. Esto permite pensar a las narrativas como artes de tejer sentidos rotos, otros, invisibilizados, no nombrados, relatos como hilos, algunos se enredan, otros se cortan, se alargan, otros se anudan con otros cuerpos.

Cada narrativa es una forma de habitar el mundo.
Las prácticas narrativas se vuelven quizá una ecología de relatos, donde nos re-vinculamos.

Por ahora no resueno con el térmio medico literal de “sanar”, pero sí quizá intentar “reconciliarnos con lo imposible”, “reaperturar nuestras herida”, “re-acomodar sin cierre”, no es cerrar la herida, sino mantenerla abierta a la alteridad, a lo que interrumpe el sentido de nuestros margenes, así también nos mantenernos vivos, existentes en el desafío de vivir, desde ecos Derridianos darle a la herida hospitalidad, permitir que la ausencia respire dentro del otros sentido, todo lo que somos pasa por una forma de inscripción, huella, eco, las personas vivimos dentro de historias que las nombramos, pero también podemos reescribirlas.

Queremos construir territorios para desprendernose del dominio interiorizado, desprogramar nuestras almas y cuerpos colonizados, dar cuenta de nuestras colonizaciones, diría fuertemente recuperar nuestra voz propia, nuestro protagonismo, nuestros terrritorios cuerpos- no cuerpos-tierra-comunidad-memoria.

I.  ¿Porqué narrar?

Anzaldúa (1987) y Derrida, J. (1997) coinciden en que el lenguaje nunca pertenece del todo. Por eso narrar es también un acto ético: permitir que lo ajeno hable en mí, que lo no dicho encuentre forma sin domesticarlo.

Narrar desde la metafora que vamos siendo textos, vamos siendo las historias que nos contamos y las historias que se cuentan de nosotros. Cada historia se vuelve una traducción afectiva entre mundos. Anzaldua (1987) nos inspira co-sintiendo que “La sanación ocurre cuando el alma encuentra una lengua que no la traicione.”, por su parte Derrida (1997) nos propone que “no nada hay fuera del texto”, en otras palabras todo lo que conocemos, pensamos o entendemos sobre el mundo pasa por algún tipo de lenguaje, signo o interpretación, no hay una “realidad pura” que podamos conocer directamente sin pasar por palabras, conceptos o narrativas, es decir: nuestras experiencias, hechos o ideas siempre se interpretan a través de un “texto”, ya sea escrito, hablado o simbólico, ejempo cuando decimos “esa persona es amable”, no accedemos a la “amabilidad pura” de la persona; estamos describiéndola usando palabras y conceptos que tenemos en nuestra cultura y lenguaje. La realidad no está separada del lenguaje; el lenguaje es la forma en que accedemos a ella.En pocas palabras: no hay mundo “fuera” del lenguaje; todo lo que comprendemos del mundo se da a través de algún texto o narrativa.
Por su parte Anzaldúa (1987) nos muestra que no hay texto sin cuerpo, sin tierra, sin lengua madre. El texto es el lugar donde el dolor se convierte en sentido compartible, donde lo privado se vuelve político y lo político, íntimo. En ese cruce entre la huella derridiana y la herida chicana las prácticas narrativas se revela como una poética del vínculo, una forma de tejer justicia afectiva con palabras, imágenes y cuerpos.
Narrar es reescribir el mundo con las manos llenas de tierra.

II.- Cartografías expandidas

Decisiones Memoria
Responsabilidades
Reconfiguración (es) del yo-Nosotros
Justicias

@ Toda narración es una decisión ética cada gesto es una escritura del mundo.
 No hay relato neutro, al narrar repartimos sentido. Escribimos, miramos decimos, nos movemos, no hay una neutralidad, hay un sentido de valores, principio, un modo de contar las historias. Narrar como acto político y ético. Cada acto de lenguaje implica una responsabilidad, contar es también decidir qué vidas merecen ser narradas, ¿desde donde son narradas? Desde el Sur, esa responsabilidad se amplía: narrar es restituir existencia a quienes fueron borrados del texto de la Historia.

@ Texto encarnado. El texto no es ya una unidad lingüística, sino un cuerpo que porta memoria. Narrar desde el Sur (los Sures) no es solo contar un hecho; es restituir a los sujetos de la historia, abrir espacios donde otras temporalidades, memorias y cuerpos puedan aparecer y reconocerse. Podríamos decir es un acto político y poético, cada palabra escrita o contada desafía la violencia del olvido, cuestiona las jerarquías de poder que deciden qué se considera historia y qué se excluye, y propone formas alternativas de otras memoria y existencias, podríamos decir:

  • Descentrar el canon dominante: cuestionar las narrativas que priorizan los que deciden y centran el poder.
  • Visibilizar lo marginalizado: incluir voces, cuerpos, territorios y experiencias que históricamente fueron silenciados.
  • Reescribir las memoria, la narración se convierten en actos de justicia simbólica y política.
  • Reconocer la pluralidad de temporalidades y experiencias: la historia no es lineal ni homogénea; hay múltiples formas de vivir y recordar.

A las prácticas narrativas le interesa no sólo reparar lo personal, sino que hace justicia restaurativa, convierte el relato en espacio de memoria, denuncia, y sobretodo le interesa la co-creación de otras historias, a través de diferentes tipos de narrativa, decir lo indecible con una forma que lo sostenga.

@ El texto como territorio de existencia, una forma de inscripción de la experiencia. Barthes decía: “el texto es un tejido de citas” no sólo palabras, sino cuerpos, gestos, silencios, imágenes. En terapia narrativa este principio se retoma: la vida misma es un texto en construcción, y los relatos dominantes pueden ser reescritos para abrir espacio a otras voces-territorios. “Las personas no son el problema, el problema es el problema” (White, 1990). Reescribir la vida es volver a tener autoría sobre la propia narrativas que queremos elegir, ahí la potencia de narrar.

@ El texto como práctica de reconfiguración del yo-Nosotros. El relato no es sólo representación sino configuración temporal del sí mismo (Ricoeur, 1995). Cada persona narra su vida en torno a ciertos acontecimientos, éstos pueden ser re-significados. El texto (escrito, visual o poético, perfomativo) funciona como un objeto mediador: entre el yo y su historia, entre la memoria y la posibilidad. La narrativa permite volver a vivir sin repetir” diríamos una ética del relato como cuidado de sí mismos. Recordemos a la identidad como un constucción colectiva, todo el tiempo en disputa.

@ Recontar es reconfigurar la textura y las existencias del mundo. Autores como Gloria Anzaldúa y teóricos de la decolonialidad como Walter Mignolo, entiende que las narraciones desde los márgenes no solo representan experiencias, sino que generan efectos en la realidad social y simbólica, visibilizando sujetos, memorias y territorios previamente silenciados (Anzaldúa, 1987; Mignolo, 2000), cada historia contada reconfigura el tiempo vivido, desafía las jerarquías de poder y permite que las experiencias históricamente marginadas adquieran presencia y fuerza.
Por ejemplo, cuando mujeres sobrevivientes de violencia patriarcal comparten sus experiencias en talleres de narrativa, cada testimonio no solo documenta el pasado, sino que activa memoria colectiva, genera reconocimiento y transforma la experiencia social. La narración se vuelve performativa: al contarse, constituye justicia simbólica, crea redes de solidaridad y abre espacios donde lo invisibilizado abre existencia.

III. ¿Porqué ecologías?

Ecología de relatos para referirnos a cómo las historias de las personas están conectadas con los lugares, las culturas, las comunidades y los contextos en los que viven, la ecología estudia las relaciones entre los seres vivos.

Caminando prácticas narrativas Latinoamericas como:

Ecología de relatos de territorio. Desde una mirada narrativa situada, el territorio no es sólo un espacio físico, sino una trama de relaciones, afectos, historias y cuidados. Cada territorio sea cuerpo, tierra, comunidad o memoria narra, contiene voces, gestos, huellas,resistencias.
La ecología de relatos del territorio busca escuchar esas voces, reconocer que las personas y los lugares se co-narran mutuamente. “No habitamos un territorio: el territorio nos habita.”
Rivera Cusicanqui, S. (2010). En la prácticas narrativas, los relatos del territorio permiten reconectar con lo que nos sostiene, reconocer que las historias del lugar también nos cuentan a nosotros. Michael White hablaba del campo relacional del sentido, en este marco, podríamos decir que el territorio es uno de esos campos; un entramado de historias vivas donde el sí mismo se configura en diálogo con montañas, aguas, caminos, vecinas, huertos, rituales o memorias.

Algunas preguntas:
¿Cuáles son tus territorios los que caminas, los que recuerdas, los que te sueñan?¿Qué lugares o presencias te sostienen cuando algo se quiebra?¿Dónde siente tu cuerpo que pertenece? ¿Qué olores, sonidos o texturas te devuelven a casa?¿Quiénes han cuidado de ese territorio antes que tú? ¿Qué formas de cuidado has heredado o recreado?¿Qué te enseña esa herida sobre lo que vale la pena proteger?¿Qué memorias necesitan ser contada para sanar la relación con la tierra o con tu entorno?
¿Cuáles son nuestros territorios? ¿Qué nos ha sostenido de nuestros territorios? ¿qué historias estan entrelazando nuestros territorios con las maneras de querer vivir a largo plazo?

Ecología de relatos desde el cuerpo: Contarnos desde el cuerpo quiza es encantarnos “No contamos una vida, la hacemos sonar” Cavarero, (2000), ¿cuántos años de invisibilización a nuestros cuerpos? Requerimos relatos de presencia y vulnerabilidad, podríamos invitarnos a abrir y tejer textos aún más humanos, invitarnos a “escrituras somáticas”, narrativas que se piensa desde el cuerpo, donde la palabra no traduce la emoción sino que la encarna.
Silvia Rivera Cusicanqui desde el pensamiento andino nos recuerda que cuerpo es un territorio de memoria colonial y de saber comunitario. Cabe aclarar que por momentos hablamos de territorio por un lado desde nuestro lugar físico, desde nuestras raíces, pero también usamos territorio como cuerpo.
¿se les ocurren algunas preguntas para abrir estos ecología de relatos desde el cuerpo cuidando la herida, cuidadano no retraumatizar, no re-victimizar?

Algunas prguntas:
¿Dónde se siente esta historia preferida en tu cuerpo?¿cómo son sus rutas?¿cuál crees que serían los primero pasos para investigarlo?
¿Cómo cambia tu respiración cuando hablas de esto de las resistencias frente a las violencias que viviste?¿Cuál diria tu cuerpa que fue el relato preferido de estos pasajes de sobrevivencia?¿porqué? ¿hay gestos o posturas que siguen guardando quizá ese relato preferido?
¿Qué partes de tu cuerpo se han negado a rendirse? ¿Dónde vive la fuerza que te sostuvo? ¿Qué movimientos te devuelve a ti misma?
¿Qué quiere ahora tu cuerpa que se escuche?
¿Qué nuevas historias estas escribiendo desde estas sensaciones quizá sin darte cuenta?

Ecología de relatos desde lo común. Los relatos de lo común (comunidades de cuidado, prácticas de memoria). Desde las prácticas narrativas, las historias nunca se construyen en soledad.
Michael White (2007) afirmaba que las narrativas emergen en un campo relacional, donde el sentido se co-teje con otras voces, memorias y contextos.
En estas ecologías, el cuerpo no es una unidad cerrada, sino una membrana porosa de historias compartidas, los gestos, los cuidados, las prácticas de memoria cotidiana como cocinar, resistir, cantar, cuidar a otros son también formas de narración. El relato del cuerpo se vuelve así testimonio de lo común: una voz que no se pertenece, sino que circula, hospeda y se deja habitar. Algunas preguntas desde las ecologías cuerpo-común
¿Qué parte de tu cuerpo/comunidad/territorio guarda la historias de tu gente?¿cómo ha sido el proceso? ¿Qué desafíos ha hecho frente?
¿Cómo ha aprendido tu cuerpo/comunidad a cuidar o resistir?, ¿Qué gestos/activides cotidianas te devuelven a una memoria común?, ¿Qué historias viven en tus manos cuando cocinas, trabajas o abrazas?, ¿Cómo se reconocen entre sí las personas que cuidan en tu comunidad?, ¿Qué historias estan sembrando entre quienes cuidan o resisten contigo?
¿Qué prácticas mantienen viva la esperanza cuando llega el dolor, la amenaza, el aislamiento?,¿Cómo podríamos contarnos hoy para recordar que no estamos solos?

Compañerxs ¿Qué otras preguntas se les vienen al cuerpo?

IV.- Tipos de Narrativas

Cabe mencionar as narrativas performativas trasciende el relato: la historia que se cuenta participa activamente en la construcción de la realidad, y no solo la refleja.

Biblografía

Anzaldúa, G. (1987). Borderlands/La frontera: The new mestiza. Aunt Lute Books.

Cavarero, A. (2000). Relating narratives: Storytelling and selfhood. Routledge.
Derrida, J. (1997). De la gramatología (G. Bennington & I. McLeod, Trad.). Barcelona: Editorial Paidós. (Trabajo original publicado en 1967)
Mignolo, W. (2000). Historias locales / diseños globales: Colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo. Ediciones Akal.

Ricoeur, P. (1995). Tiempo y narración I: Configuración del tiempo en el relato histórico. (A. Neira, Trad.). Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1983).

Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Tinta Limón.

White, M., & Epston, D. (1990). Narrative means to therapeutic ends. Norton.

White, M. (2007). Mapas de la práctica narrativa. Gedisa.